lunes, 16 de noviembre de 2015

Errenteria 1956-2012, la espiral del sufrimiento

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La cronología del trabajo de Argituz ocupa 60 páginas, aunque asumen que catalogar todo lo ocurrido es y será imposible por su dimensión. Por tanto, esta es solo una selección a efectos ilustrativos, válida para recordar cómo un pueblo entero ha sufrido la violencia de motivación política, y también cómo ello puede convertirse en acicate para superarla cuanto antes y para siempre.

Tres muertos en una semana

La Semana Pro-Amnistía de 1977 se cebó en Errenteria. El 12 de mayo, un guardia civil mató a Rafael Gómez Jauregi, 78 años, de un disparo en el tórax, en plena Alameda. Un día después, otra bala alcanzó en el pecho a Gregorio Marichalar, de 63, vecino de Beraun; moriría diez días después. Y en la misma jornada y el mismo contexto, el vecino de Errenteria José Luis Cano fue abatido en la calle Calderería de Iruñea por otro policía.

Caso, Zamarreño y Elexpe

También en secuencia trágica fueron las muertes de concejales a manos de ETA entre 1997 y 2001. José Luis Caso falleció tiroteado en un bar de Irun. Le sustituyó Manuel Zamarreño, que solo llevaba un mes en el cargo cuando perdió la vida por una bomba colocada en una moto, en mayo de 1998. En 2001, otro tiro en la cabeza acabaría con Froilán Elexpe, edil del PSE en Lasarte pero igualmente natural de Errenteria.

«Francis», transexual muerto a tiros

Nacido en Jaén, Vicente Vadillo «Francis» trabajaba como travesti en locales de Oarsoaldea. Los testigos cuentan que aquel 10 de junio de 1979 se encaró con una persona que insultaba a los vascos. Se trataba de un policía recién destinado a Errenteria. Disparó un tiro a la cara de «Francis» y lo mató. Solo tenía 32 años.

Violadas como castigo político

Más jóvenes aún eran las víctimas de las violaciones con móvil político concatenadas en seis meses de 1979 y 1980 entre Donostia e Irun. Tres ocurrieron en Errenteria, contra chicas de 14, 16 y 18 años, que fueron secuestradas, interrogadas y agredidas sexualmente con un mismo modus operandi. En una de estas seis acciones mataron a Mari Jose Bravo, de 16 años, en el cercano barrio donostiarra de Loiola. La campaña acabó con ello, pero dejó una larga estela de terror durante años. Fue reivindicada con las siglas de GAE y BVE, grupos de ultraderecha.

La carta-bomba mató al cartero

Joven antimilitarista, de 21 años, José Antonio Cardosa trabajaba en Correos de Errenteria. El 20 de setiembre de 1989 introducía una carta dirigida a un militante de HB en el buzón de su domicilio cuando estalló y lo mató. La sospecha de terrorismo de Estado fue evidente desde el principio, y más aún cuando en 1996 Luis Roldán, que en aquel 1989 era director general de la Guardia Civil, culpó al Ministerio del Interior del envío de esa y otras cartas paralelas, todas ellas dirigidas a militantes independentistas, como el abogado Iñigo Iruin y concejales de HB de Azpeitia.

59 huérfanos por 31 muertes

Las 31 muertes incluidas en total en el estudio (bien producidas en Errenteria o contra errenteriarras fuera de la localidad) han dejado otros efectos muy graves, como un total de 59 niños y niñas huérfanos de padre (posiblemente serán más dado que falta información cierta de algunos pocos casos). De ellos, 51 corresponden a víctimas de ETA, seis a muertos a manos de los GAL o las FSE, y los dos restantes a episodios aún no esclarecidos completamente.

Niños malheridos por uno y por otro

En 1982 provocó gran conmoción el caso del niño Alberto Muñagorri, de diez años, que perdió una pierna y sufrió otras graves heridas al pegar una patada a una bolsa en la que había una bomba destinada a atentar contra Iberduero. Menos conocido, y anónimo, es el caso de una niña justo de la misma edad, herida de bala por la Guardia Civil en 1975 también en Errenteria.

Ertzainas quemados en la furgoneta

En los años más intensos de la kale borroka, en 1994 y 1995 hubo dos ataques consecutivos muy graves a furgonetas de la Ertzaintza. En el primero, dos agentes de 27 y 31 años resultaron con quemaduras de segundo y tercer grado pese a arrojarse al río Oiartzun para apagar las llamas. En el segundo, el ertzaina Jon Ruiz Sagarna quedó con la mitad del cuerpo quemado, al ser atacada con cócteles molotov una furgona en la que iban cinco policías. Estuvo un mes entre la vida y la muerte. Ocurrió en las protestas callejeras tras el hallazgo de los cuerpos de Joxean Lasa y Joxi Zabala.

Dos suicidios por acoso político

Se trata de otra tragedia que ha sacudido a los dos bandos en conflicto. En 1982 un sargento llamado Julián Carmona se suicidó en Errenteria en el velatorio de cuatro compañeros que habían muerto a manos de ETA el día anterior. Y en 1988 Mikel Arrastia, del grupo de dantzas Ereintza y monitor de natación, pereció al precipitarse al vacío desde una casa de Gaztaño, cuando la Guardia Civil pretendía capturarle acusándole de relación con ETA.

La última muerte, por un control

Temporalmente, el último fallecimiento incluido en el informe es uno de los catalogados como «otros hechos de violencia política con resultado de muerte». María Jesús Amigot falleció en 2006 en un accidente de tráfico provocado por un control de carretera de la Guardia Civil en Gaintzurizketa. Antes, en 1982, Miguel Garmendia murió igualmente al incrustarse su coche con un camión detenido ante una barricada, y se cuentan también varios casos de atropellos en persecuciones, incidentes...

Bombas contra el Ayuntamiento

Ni siquiera el Ayuntamiento de Errenteria se ha salvado de sufrir directamente la violencia política. El 19 de julio de 1979, una bomba de los Grupos Armados Españoles (GAE) destrozó parte del edificio y viviendas colindantes; HB había alcanzado la Alcaldía cuatro meses antes. En noviembre del mismo año se produciría otro ataque similar. Desde entonces se han registrado otros sabotajes con cócteles molotov, piedras...

27 ataques a la «casa del pueblo»

El estudio cronológico de Argituz escoge como fin simbólico el 30 de marzo de 2012. Se trata del día en que la sede del PSE de Errenteria se reinauguró tras haber retirado los barrotes de seguridad de las ventanas. Desde su apertura en 1983 hasta esa fecha, la llamada Casa del Pueblo había contabilizado un total de 27 ataques y sabotajes. El último tuvo lugar en el año 2005.

El dolor de cada uno se queda dentro, pero «las cosas están cambiando en el pueblo»

A la enumeración de los hechos de violencia política se le añade en este trabajo otro elemento: una reflexión, también compartida, sobre qué supuso todo ello para el pueblo y cada persona, y cómo se contemplan el presente y el futuro. Para ello se recabaron opiniones como la de Chema Herzog (miembro del PP y exconcejal), que detalla que él almorzaba con dos muertos por ETA (Joseba Pagazaurtundua y José Luis López de Lacalle) y era primo de otro (Fernando Múgica Herzog).

También la de Anjel Mari Elkano, exconcejal de HB y ahora sometido por su actividad política al juicio por la redada de Segura, que afirma que «creo que todos los que me rodean se han pasado la vida entera, igual que yo mismo, pensando que los picolos podían pasar por mi casa de madrugada, y pensando sobre todo que pueden venir sin razón alguna de peso, que es algo que te inquieta profundamente». O la de Maite Peña, edil del PNV, que evoca la conmoción que le produjo «cuando quemaron a los ertzainas».

No obstante, quizás más impactantes son otras reflexiones, porque se difunden sin precisar su interlocutor, lo que las vacía de lecturas sujetas a prejuicios. Aquí se palpa coincidencia en que las cosas han cambiado, están cambiando, mucho en Errenteria. Una de estas «voces anónimas» (en total son nueve los entrevistados, políticos y no políticos) resume que «la violencia era como una espiral que nos llevaba a todos y todas. Yo decidí irme de aquí a otro lugar porque me parecía un poco asfixiante». Otra detalla que hoy día «las miradas se han ablandado totalmente». Y una tercera ve «mayor atención y mayor esfuerzo en cruzar realidades».

Una de las personas entrevistadas pone el ejemplo de las concentraciones de jubilados de los primeros lunes de mes, «porque es lo más unitario que he visto yo. Eso, hace unos años, aquí sería impensable». Hay bastante unanimidad también en reconocer el impulso del gobierno municipal de EH Bildu. Por ejemplo, una persona valora «gestos bonitos, como estar en una Feria de Abril y que la concejala dijera ‘vosotros también sois nosotros, nosotros también somos vosotros, todos formamos el pueblo’. Algo que es de cajón de madera de pino, pero que antes no se podía decir o no se decía, porque no había esa interacción». «Las cosas están cambiando en el pueblo –apostilla otra voz de este estudio–. Estamos superando la incomunicación que había antes».

El valor de la empatía es remarcado por unas cuantas de las personas cuya opinión ha requerido Argituz. Hay quien afirma ver a los demás ahora de este modo: «No eres mi enemiga, en todo caso eres mi adversaria, y en algunas (o muchas) cosas podrías ser mi aliada».R.S.

http://www.naiz.eus/eu/hemeroteca/gara/editions/gara_2015-11-16-06-00/hemeroteca_articles/errenteria-1956-2012-la-espiral-del-sufrimiento 

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