"El camino del exceso lleva al palacio de la sabiduria." - William Blake

viernes, 28 de abril de 2017

Tras los rastros de ADN de la disidencia política


Un caso investigado por la policía alemana en colaboración con los Mossos demuestra que el cuerpo policial catalán utiliza bases de datos genéticas para identificar y perseguir activistas de los movimientos sociales



Un guante, una peluca y una lata. Estos tres objetos de características tan diferentes confluyen en el relato policial construido después de un año y medio de investigación. Es el 13 de abril de 2016 y un contingente de los Mossos revienta la puerta del histórico centro okupado Blokes Fantasma de Barcelona. El Juzgado Central de Instrucción número 3 de la Audiencia Nacional española ha tramitado una comisión rogatoria internacional, cursada bajo secreto de sumario a petición de la fiscalía de la ciudad alemana de Aquisgrán, que desencadena el operativo policial y culmina con la registro de dos domicilios más y la detención de una mujer. Esta activista anarquista tiene una orden europea de detención y entrega para que la Polizei Landeskriminalamt (policía criminal) del Estado de Renania del Norte-Westfalia la vincula al atraque de una oficina bancaria.

Un grupo de personas armadas entró en la sucursal de la entidad Pax Bank de la ciudad de Aachen, ató el personal que trabajaba y vació la caja fuerte antes de huir sin causar daños personales
La acción que persiguen se había producido la mañana del 19 de noviembre de 2014, cuando un grupo de personas armadas entró en la sucursal de la entidad Pax Bank -vinculada al Vaticano- de la ciudad germana, ató el personal que trabajaba y vació la caja fuerte antes de huir sin herir a nadie ni causar daños personales. La policía alemana relaciona este episodio con dos atracos anteriores, ofrece recompensas a quien pueda aportar pistas sobre la autoría de los hechos y difunde en los medios de comunicación los detalles de la acción, que incluso tienen eco en un programa televisivo de formato reality -show, donde se reconstruyen y se ficcionan investigaciones no resueltas.

El análisis de laboratorio de las muestras genéticas obtenidas a partir de los rastros encontrados en una peluca y otras piezas de ropa, que habrían sido abandonadas en las inmediaciones del banco de Aachen aquella mañana de otoño, facilita perfiles de ADN a la policía. Estas trazas son remitidas a otros estados europeos para que busquen posibles convergencias en las respectivas bases de datos genéticos. Meses después de la acción, los Mossos irrumpen en escena y alertan de que han detectado una hipotética coincidencia entre uno de los perfiles genéticos encontrados en la peluca y una entrada -aunque anónima- de su registro. Rápidamente, lo vinculan a acciones perpetradas por militantes anarquistas e inician la búsqueda.

Un policía busca restos en una papelera durante la marcha antirepressiva del 13 de junio de 2015 / Victor Serri

Numerosos indicios apuntan a que los efectivos del Área Central de Información de los Mossos -que adoptan el apodo de Astor para preservar su identidad- hace años que aprovechan registros, movilizaciones y protestas para recoger restos biológicos de activistas, extraer el ADN y almacenarlo. Esta técnica se utiliza habitualmente en el área de investigación criminal para identificar presuntos responsables de hechos delictivos mediante el cruce de muestras tomadas a personas detenidas o investigadas.

El uso de este método por parte de los Mossos con el fin de aumentar el control sobre los movimientos sociales era una práctica incierta, que se corrobora con el suceso de Aachen
La utilización de esta metodología por parte de los Mossos con el fin de aumentar el control sobre los movimientos sociales era una práctica incierta, que se corrobora con el suceso de Aachen y la relación que establecen entre estos hechos y una acción directa de carácter político llevada a cabo en el barrio de Sants de Barcelona en junio de 2009. Ese día, los efectivos policiales recogieron pruebas en el lugar de los hechos y se toparon con un guante, a partir del cual obtuvieron un rastro genético. La muestra permaneció almacenada y huérfana de identidad durante años, hasta que saltó la alarma fruto de su cruce con los perfiles obtenidos por la policía alemana en el banco de Aachen.

A partir de ese momento, la investigación policial se acelera y el área de información de la policía catalana estrecha el círculo sobre los espacios del movimiento anarquista en la ciudad de Barcelona. Necesitan dirimir quién puede haber detrás la secuencia numérica de ADN encontrada en el escenario de dos acciones separadas entre sí por más de cinco años y miles de kilómetros. Siguen la pista de una mujer, pero necesitan restos de su materia orgánica para cerrar la triangulación que les permita inculparlo la. Según la versión policial, un grupo de agentes de paisano lo consigue durante una noche de verano en las calles de Barcelona. Siguen el activista y, a escondidas, recogen una lata de cerveza vacía que ha abandonado en la calle. De esta manera, se aseguran que poseen un objeto que ha estado en contacto directo con la chica, aunque la prueba no es determinante para que el objeto también podría haber estado en contacto con otras personas.

Agentes de la Brigada Móvil y de la policía científica recogen prendas de una manifestación de apoyo a Can Vies el 31 de mayo de 2014 / Archivo

Ha pasado un año del atraco y el análisis hecho en los laboratorios ubicados en el complejo Egara de los Mossos concluye que las muestras extraídas de la lata, la peluca y el guante coinciden. Seis meses después, el anarquista es detenida, encarcelada inmediatamente en Soto del Real y, posteriormente, extraditada a Alemania , donde aún queda en prisión preventiva mientras se celebra el juicio -en curso . En el banquillo de los acusados, la acompaña otra persona, también detenida en un domicilio de Barcelona el pasado mes de junio. A él, se le inculpa basándose en la supuesta coincidencia entre un rastro de ADN encontrado en el lugar de los hechos de Aachen y una muestra de saliva que los Mossos habrían obtenido del soplete del alcoholímetro con el que lo sometieron a un control de tráfico simulado.

En otro caso similar el tribunal consideró que, si bien los restos de ADN encontrados en la sucursal representaban un indicio, no eran una prueba suficiente para acreditar su participación en los hechos
Previsiblemente, el juicio quedará visto para sentencia a mediados del mes de junio y las dos anarquistas acusadas pueden ser condenadas a penas de prisión elevadas. Durante una de las sesiones celebradas hasta ahora, un agente Astor los Mossos viajó a Alemania para prestar declaración, pero volvió sin haberlo hecho. Como se negó a revelar su identidad real ante el tribunal, este desestimó su testimonio y lo hizo salir de la sala . El caso cuenta con el precedente del proceso celebrado hace unos meses por el atraco perpetrado en el año 2013 a una sucursal del Aachener Bank, que la policía relaciona con la acción contra el Pax Bank.

 Entonces, una activista holandesa fue absuelta, a pesar de la concurrencia obtenida del cruce de los rastros de ADN sustraídos de unas armas abandonadas en la oficina atraque y una muestra que se le había tomado anteriormente en Inglaterra en el transcurso de una detención bajo la acusación de la comisión de un delito menor. El tribunal consideró que, si bien los restos de ADN encontrados en la sucursal representaban un indicio, no eran una prueba suficiente para acreditar su participación en los hechos. En todos estos casos, se plantean tres problemas procesales: los objetos analizados pueden contener ADN de varias personas, el ADN de la persona sospechosa puede haber llegado al objeto antes de que se produjeran los hechos investigados y, finalmente, como se puede demostrar ante un tribunal que ha habido una cadena de custodia correcta de los objetos intervenidos.

Todos los mecanismos de control necesitan un campo de pruebas para testar su efectividad. Durante los últimos años, el Estado español ha utilizado el País Vasco como laboratorio represivo, también en el uso de la técnica del ADN. A principios de 2000, la Ertzaintza comenzó a utilizar las pruebas genéticas para perseguir actos de kale borroka y inculpar decenas de jóvenes en procesos judiciales, que han hecho que algunas de estas personas hayan cumplido largas condenas de cárcel. Durante esa década, las abogadas, las familiares y las víctimas pudieron documentar numerosos episodios de persecución de la juventud de los entornos de la izquierda abertzale con el fin de obtener muestras biológicas. La policía actuaba tanto a los ambientes de noche -por obtener rastros gracias a la sustracción de vasos y cigarretes- como haciendo falsos controles de alcoholemia o supuestos registros rutinarios y domiciliarios para decomisar todo tipo de efectos personales.

El caso de Orkatz Gallastegi fue paradigmático porque, después de una década de periplo judicial, logró llegar hasta los tribunales Supremo y Constitucional. Este último terminó denegando el último recurso -d’empara- de Gallastegui, ya que consideró que no era necesario tener el consentimiento ni ninguna orden judicial para poder obtener la muestra de saliva que le llevó a ser condenado. La policía autónoma vasca obtuvo su ADN a partir de un escupitajo que lanzó el suelo de la celda de la comisaría. Posteriormente, lo cruzaron con vestigios biológicos encontrados en el lugar de los hechos y inculparon el joven, que fue condenado a prisión junto con otras dos personas, una identificada por la misma vía y la otra gracias al rastro obtenido de un cigarrillo.

Cepillos de dientes y plantillas
Hace una década que los Mossos podrían haber empezado a aplicar este tipo de técnicas con la misma finalidad. El verano de 2009, la letrada Laia Serra prestó asistencia a una detención por los presuntos delitos de daños, resistencia y desórdenes en una comisaría de la policía catalana. Una persona había sido detenida y una segunda que se acercó a las dependencias policiales para interesarse por el estado de la primera también terminó detenida, inculpada por los mismos hechos. Los Mossos esperar que la abogada atendiera las detenidas por tomarlos muestras biológicas sin su presencia, aunque ella aún se encontraba en la comisaría.

A lo largo de una década, los Mossos han almacenado cientos de perfiles de ADN, recogidos en el marco de desalojos o manifestaciones
“Fue del todo injustificado porque ninguno de los delitos que se les imputaban no eran graves y que, en el atestado de los hechos, no constaba la recogida de ningún vestigio que permitiera comparar aquella muestra”, afirma Serra. Además, recuerda que la primera detenida accedió a la recogida de ADN mediante un frotis bucal aunque no fue informada debidamente por los agentes, pero que, en el segundo caso, se le hizo la extracción en contra de la su voluntad, por lo que se debería haber requerido una orden judicial.

 Poco tiempo después, el caso fue archivado por falta de pruebas y la abogada de las activistas hizo una petición al Departamento de Interior para que se cancelaran los registros de todos sus datos personales, fotos, huellas y muestras de ADN y porque advirtieran el resto de fuerzas y cuerpos de seguridad -que podrían haber accedido a los datos- sobre su invalidez. Laia Serra considera que “el hecho de que aquella muestra no se pudiera confrontar con ningún otro vestigio generó la duda de si podía servir para engordar las bases de datos policiales de ADN con perfiles de activistas”.

En los últimos años, se tiene constancia de desalojos de viviendas okupados por activistas sociales en que los Mossos han llevado objetos personales como cepillos de dientes y plantillas de calzado. También se ha podido observar y documentar gráficamente, en algunos casos como agentes de la unidad 700 de la Brigada Móvil de antidisturbios y del Área Central de Información han procedido, al final de algunas protestas, a recoger piezas de ropa abandonadas por manifestantes. Este tipo de actuación se pudo presenciar durante la marcha final del Efecto Can Vies el 31 de mayo de 2014 en el centro de Barcelona, ​​al final de la celebración del 1 de Mayo de 2015 en el cruce de la avenida Diagonal y el paseo de Gracia y en una manifestación antirepressiva celebrada entre los barrios barceloneses de Sants y Gracia el 13 de junio del mismo año. Probablemente, no fue la primera vez ni será la última.

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Coordinación internacional de las bases de datos
En 1988, el Reino Unido fue el primer Estado del continente europeo que condenar a una persona gracias a su identificación por vía del análisis de ADN, tan sólo tres años después del caso pionero sentenciado en EEUU. A partir de ese momento, las instituciones comunitarias europeas empezaron a adoptar medidas jurídicas para facilitar la creación de bases genéticas destinadas al intercambio de información entre los Estados miembros. En el ámbito europeo, esta práctica está regulada por el Tratado de Prüm del año 2005, que en un primer momento fue firmado por España y otros seis países europeos, como Alemania o el Estado francés. Este convenio internacional permite que los Estados miembros accedan a los ficheros automatizados de análisis de ADN, huellas dactilares y matrículas de automóviles bajo el precepto de “intensificar la cooperación policial y judicial transfronteriza en materia penal”. La coordinación de los laboratorios acreditados por el Ministerio de Justicia para hacer análisis de ADN en España queda en manos de la Comisión Nacional para el uso forense del ADN, inscrita en el Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses. Este organismo es quien controla la base de datos estatal -unificada en 2007 a partir de los registros de la Guardia Civil, el Cuerpo Nacional de Policía española (CNP), la Ertzaintza, la Policía Foral de Navarra y los Mossos -, en la que el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) tiene acceso libre. Este archivo se denomina INTCF-ADNIC y emplea un mecanismo comparativo obtenido del FBI estadounidense. Los datos registrados también se intercambian con Europol y la Interpol, que tiene una oficina de enlace en Madrid, gestionada por el CNP con la colaboración de agentes de la Guardia Civil y las policías autonómicas.

Donde dejamos los rastros?


Nuestro rastro biológico tiene una vida larga e incluso puede ser transferido de un espacio a otro y entre diferentes personas, aunque lo más habitual es dejar trazas genéticas a través del contacto directo con objetos. Nuestro cuerpo contiene ADN en la orina, las heces, el sudor, la saliva, las secreciones nasales y de las orejas, la sangre, los fluidos vaginales y el semen, las uñas, los pelos y los cabellos, la caspa y las células epiteliales, que se encuentran principalmente -pero no tan solos- a la epidermis. Cotidianamente, las personas abandonamos material genético de manera involuntaria mediante acciones como secarnos la cara, tomar un refresco o peinarnos. Depositamos muestras de ADN, principalmente a través de la saliva, el sudor, las secreciones y las células, con el simple contacto con pañuelos, servilletas, cepillos de dientes, herramientas de trabajo, cubertería, cigarrillos y un largo etcétera de piezas de ropa y materiales diversos.

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