Este desapego nació en el contexto de la crisis del clero en España (1965-1972). Tras la finalización del Concilio Vaticano II, la Iglesia católica tuvo dificultades para ajustarse debido a diferencias entre clérigos. Esta situación derivó en una acelerada secularización, acompañada por la caída del franquismo. Santiago Reyes, uno de los promotores de la procesión, explica a este periódico que la diócesis asumió entonces que la “religiosidad popular” estaba “perdiendo importancia”.
Más de cinco décadas después, la procesión en Donostia resurge de creyentes que “echaban en falta esta celebración religiosa” que en otros lugares llega a ser reclamo turístico. Reyes comenta que todo comenzó en la cuaresma de 2025, cuando estaba restaurando unas antiguas fotos de las procesiones en la ciudad. La restauración, presentada en Semana Santa, inspiró a un “grupo de fieles” a proponerle al párroco Jon Molina recuperar la celebración.
El grupo organizador de la procesión consta de ocho personas. Más adelante, se constituirán como cofradía. Actualmente, cuentan con 300 personas inscritas para participar en la procesión. Reyes destaca la implicación de jóvenes “que viven un poco contracorriente de sus grupos”. Su inclusión es importante porque “necesitan vivir estas manifestaciones que reafirman su fe”.
El promotor recuerda que todos los pueblos de Gipuzkoa realizaban procesiones. En la actualidad, algunas se mantienen, aunque no ocurre en “la mayoría” de los casos. Considera que, si se reintegra la celebración en la capital, “puede hacer que también se recupere” en el resto del territorio. Asimismo, sostiene que la “incomodidad” que generaban estas fiestas está “completamente superada”. Confía en que la “sociedad democrática” pueda brindarle “respeto y apoyo”.
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